Siempre hemos asociado a las frituras tales como los empanados, rebozados, etc. con una mala alimentación que generalmente deriva en obesidad y enfermedades cardiovasculares. De acuerdo, un plato de chocos fritos no es una macedonia de frutas, pero de la misma forma que no podemos vivir solo a base de fritanga no podríamos hacerlo a base de peras. Bueno, a lo mejor sí, pero ¿para qué?
Una buena alimentación debe ser, principalmente, equilibrada y los fritos, al igual que las manzanas y el brócoli, tienen su hueco en cualquier dieta. Pues el problema no está en freír sino en el cómo se fríe. Os dejamos algunas pautas que desmontan el mito de que una dieta sana no incluye frituras.
Los aceites
Lo más importante es el aceite con el que vamos a freír. Cuanto mejor calidad tenga, menos nocivo será para nuestra salud. Habitualmente se tiende a utilizar aceite de girasol, por aquello de no desperdiciar el de oliva. Freír con un aceite de oliva virgen extra (aove) no es hacer un mal uso de él, todo lo contrario. Mientras mejor sea el aceite que usemos, mejor será su resistencia a las altas temperaturas a la hora de conservar sus propiedades. Además, el aove es un gran antioxidante que nos ayuda a reducir el colesterol malo. Pese a ello, y como truco culinario, en ocasiones podemos utilizar el de girasol si perseguimos un sabor más dulzón en nuestros fritos.
Otros aceites que últimamente están siendo una tendencia en las cocinas profesionales son los de canola o uva, que son muy sabrosos y saludables. La canola ayuda a reducir la acumulación de grasas en los alimentos, y esto unido a la utilzación de la semola y su bajo nivel de absorción de líquidos para el rebozado, hacen de tu frito un alimento sin perjuicios para tu salud.
Caprichos sin abusos
Los fritos son parte de nuestra cultura gastronómica y, sin embargo, no son un problema. Un estudio comparativo de la Universidad de Madrid ha demostrado que esto se debe a la calidad de nuestros aceites y a que no se reutiliza durante mucho tiempo el mismo aceite.
Una vez más el uso de sémola para freír supone otra gran ventaja, ya que al tener un grano grueso y más pesado, este se va hacia el fondo de la freidora, dejando el aceite limpio y prolongando su uso seguro.
En resumen, la clave está en el aceite. Este deberá ser de buena calidad y estar limpio para conservar sus propiedades beneficiosas, y además siempre se recomienda esperar a que el aceite esté muy caliente para evitar que el frito se empape y evitar negruras. ¡Que esas sí que son malas! La semolina es su gran aliado, y recuerda que una buena alimentación consiste en no abusar de nada y darte de vez en cuando un capricho de todo.